Contenido es el elemento del currículo que constituye el objeto directo de aprendizaje para los alumnos, el medio imprescindible para conseguir el desarrollo de capacidades. Esto hace referencia a las estructuras que hay que construir, haciéndoles llegar a los estudiantes los conceptos e ideas y este los construye y modifica, logrando así una construcción del conocimiento.
Tradicionalmente ha sido utilizado con una significación restrictiva, equivalente a concepto. Los programas establecidos a partir de la aprobación de las Leyes Orgánicas del Sistema Educativo en el extranjero amplían este significado, por lo que distinguen y recogen tres dimensiones en el contenido: concepto, procedimiento y actitud.
Esta diferenciación está basada en la idea de que todo aquello que un sujeto puede aprender, puede ser enseñado. Si planificar contribuye a mejorar el proceso de enseñanza y aprendizaje, la inserción en los programas de procedimientos y actitudes contribuirá a aumentar las posibilidades de su tratamiento y ejercicio sistemático. Así pues, la distinción que muestran los programas con referencia a esta triple dimensión se propone enriquecer el trabajo educativo.
Es necesario que los contenidos se adapten a las características de un determinado grupo de alumnos (contextualización), y que también sigan una organización (secuenciación) que tengan relación entre los conocimientos previos y lo que se va a revisar después.
Los contenidos en la educación son los conceptuales que como su nombre lo indica son conceptos, como hechos o datos. Contenidos procedimentales es el grupo de acciones ordenadas y orientadas a la consecución de una meta, habilidad o estrategia que el objeto de aprendizaje. Contenidos actitudinales estos en cambios están centrados en el desarrollo personal de los y las estudiantes ya sea consigo mismo, intrapersonal o con el medio, interpersonales.